miércoles, 21 de enero de 2009

Ángel González para Obama






PORVENIR

Te llaman porvenir
porque no vienes nunca.
te llaman: porvenir,
y esperan que tú llegues
como un animal manso
a comer en su mano.
Pero tú perteneces
más allá de las horas,
agazapado por no se sabe donde.
…Mañana!
Y mañana será otro día tranquilo
un día como hoy, jueves o martes,
cualquier cosa y no eso
que esperamos aún, todavía, siempre
.

martes, 20 de enero de 2009

4



Dios, 5

La segunda vez que fui invitado a Bolivia me cogí unas semanas para viajar al sur del Perú. Quería conocer Cuzco, o por mejor decir El Cusco, la ciudad imperial de los incas y viajar luego a Machu Pichu, como un detestable turista más.

El Cusco, el ombligo del mundo como le llamaban los antiguos incas es exactamente eso, un ombligo, un centro anatómico. Situado en el medio de un vasto imperio andino que se extendía desde las estribaciones colombianas, cruzaba el actual Ecuador y Perú, Bolivia, que los españoles llamaron Alto Perú, para llegar a Argentina. Un castellano viejo diría que es una “nava”, esto es, una planicie alta, a más de dos mil metros, rodeada de cumbres de más de cinco mil. La arquitectura colonial española, con sus dos catedrales, la de suyo y con la que replicaron en la plaza mayor los jesuitas, las callejas en pendiente, las mansiones con patios y balcones y los restos, pese a todo, de la espléndida construcción inca, sistemáticamente demolidos por los conquistadores que construían encima de sus basamentos y cimientos. Cuzco es una de esas maravillas que aún no ha estropeado el turismo de masas, que permanece como un palimpsesto de épocas distintas y grandiosas y mantiene viva la actual.

Llegué volando aunque regresé por tierra, por tren y andando. La siguiente etapa, después de cruzar el Valle Real donde prosperan varias decenas de variedades de maíz y papas, fue tomar un tren a Aguas Calientes, un balneario cutre y encantador de aguas termales donde se trafica con las esmeraldas de la cercana selva de niebla (Cloud Forest, la ceja de selva de Humboldt) para subir caminado al emplazamiento de la última ciudadela inca que los españoles no llegaron a descubrir y por ello permaneció intacta.