viernes, 24 de octubre de 2008

Excurso, o disgresión, a tenor de 1 y 2: de la paternidad bien y mal entendida



DIOS 3

Lo del pecado original no es lamentable patrimonio exclusivo de los cristianos. Sin sobornos celestiales ni chantajes infernales, sin zanahoria divina ni palo dantesco, sigo disponible para discutir con todo dios, incluido Dios, si es mejor no tener padre a tener un mal padre, o dónde esté un padre, aunque sea malo, que se quiten los bastardillos como yo o, yendo más lejos, como Miguel. Eso sí, a mí no me pasará lo que cuenta cierto historiador citado por Savater según el cual los primeros cristianos, pobres, esperaban la llegada más o menos (más que menos) inminente del Mesías y en cambió llegó la Iglesia. Y es que con esto de los primeros mártires tengo que luchar contra mi primera inclinación, que es siempre, siempre, la de ponerme de la parte de los leones. San “Génaro”de Dudas, famoso santo de los dilemas irresolubles, me ilumine. Y el que guste que busque a Dios entre los pucheros y fogones y hasta en los condones (deteriorados). Y otra cosa; creyente o increyente, ese que le hace los discursos a Dios ("Yo soy El que soy") una lumbrera no es. Desde la Escuela Práctica de Ateos (antes Altos) Estudios os ofrezco esta modesta reflexión.

Un varón o macho que ha engendrado, esto es, que ha tenido hijos, destinado pues a la procreación, cabeza de una descendencia, familia o pueblo, pero también ciertos religiosos y sacerdotes muy al contrario célibes y sin hijos, al menos conocidos o reconocidos: todo eso es un “padre” según el diccionario de la muy prosaica, a menudo trivial y frecuentemente banal RAE. Padre es también –en su sexta acepción- origen y principio; y el autor de una obra de ingenio o el inventor de otra cosa cualquiera (“ese que va por ahí es el “padre” de la galleta maría”, verbi gratia), y, última acepción del Diccionario normativo, es la primera (aunque octava acepción) persona de la Santísima Trinidad cristiana, ya saben ese asunto que más que un misterio (tres personas en una , pero un solo dios verdadero y bla, bla, bla) es un anacoluto teológico. Además, en plural, “padres” es sinónimo de antepasados, y en México un adjetivo coloquial similar al más feo español de “puta madre”, es decir, algo estupendo.

Hay padres de la patria, beatísimos padres, padres apostólicos, de almas, conscriptos (los senadores de la antigua Roma), de familia, primeros padres (¡exacto!: Adán y Eva, dejemos a los australopitecos tranquilos), del yermo (anacoretas), de pila (los padrinos, creo que ya no se llevan), de pobres, de mancebía y de provincia, padre eterno, padre nuestro, padre santo, santo padre, Papa y papá. Padre y muy señor mío, sin padre ni madre ni perrito que me ladre.

Con tanta oferta de “padres” parece lógico que esté tan mal visto no tener padre, como es mi caso, aunque en otros, lo verdaderamente vergonzoso sea en aparente paradoja tener muchos. Espero vuestros comentarios y temo vuestra compasión.

martes, 21 de octubre de 2008

Dos

(Foto de Laurenz Bobke, ¿dónde andas, tío?)
DIOS, 2

No me gusta el término “Latinoamérica” -como el de “hispano”, es originariamente ambiguo, pero igualmente está muy consolidado en su sentido actual-, pero no he encontrado uno mejor para abarcar no sólo todos los países de Sudamérica, sino también los de Centroamérica e incluso los de Norteamérica, como México, y de paso y a la vez los países castellanoparlantes y lusófonos. Pero admito sugerencias. Pues bien, en toda Latinoamérica, más en unos sitio que en otros, he comprobado el papel infinitamente más relevante y esencial de la mujer como sostén, ancla, solidez, cabeza de familia o como se quiera decir, frente al papel del hombre, mucho más errática y machistamente irresponsable, por decirlo suavemente. Muchos tíos van emparejándose, “fundando” con distintas y sucesivas o simultáneas mujeres, diversas familias que luego abandonan para seguir inflando el globo de su egotismo. Hablo, lógicamente, en términos generales y sobre todo de esa mayoría de población que aquí consideramos “pobres”, no de los profesionales, burgueses y ricos, igualmente inmorales e igual o más inmorales, pero más preocupados en guardar las apariencias o las formas, como suele decirse.

En la familia de mi amigo y guía Miguel también la jefa era su madre, pero indudablemente Miguel, el tercero de seis hijos de distintos padres por abajo, había dejado de ser una carga hace tiempo para convertirse en un apoyo, como muchos otros niños en esos sitios. Lo que aquí se ve como trabajo o explotación infantil o simple abandono, allí se ve como simple y lógica necesidad, y a menudo más responsable de lo que parece a nuestros ojos de saciados. El caso es que al final de mi estancia en Cuzco, una tarde, Miguel me planteó una asombrosa cuestión, me propuso sin más que le adoptase y me lo trajera a España. Como “avales”, como argumentos probablemente meditados una y otra vez, pobre, Miguel me ofrecía dos: el hecho indudable de que nos conocíamos ya y que nos llevábamos bien, y el de que su madre estaba de acuerdo, aunque la idea hubiera partido de él. Me imagino las charlas del chaval con su madre, de los recelos iniciales y lógicos de los primeros días (“-¿Pero ese gringo no te sube a su cuarto del hotel, no te toca, no te…?” ”-No, mama, sí le van las mujeres, he visto cómo se gira para mirar a otras turistas”), a la idea fraguándose en la mente emprendedora de este niño genial, al desgarro de ambos, pensando en lo mejor para él, para sus hermanitos y para su propia madre…

Le dije que no, le “expliqué” que las cosas no funcionan así, sospechosamente le di –ahora lo sé- demasiadas explicaciones: que no regresaba de momento a España sino a Bolivia y luego a Brasil, que ya tenía hijos grandes (pero eso no importaba, a él le gustaba tener hermanos), que no tenía una mujer junto a mí en ese momento, que…En definitiva, con toda la mala conciencia del mundo opulento al que terminaría regresando le dije que no. No sé, a lo mejor podía haberme complicado un poquito o un mucho la vida, no creo que hubiéramos conseguido nada, nos habríamos estrellado contra las burocracias en cadena a cada lado del océano, pero no hubo lugar, porque primero se alzó la barrera de mi miedo y, aún hoy, yo, tan "arrojado" para entablar conversación con una mujer guapa en una barra, sigo lamentado no haber sido más valiente, y más generoso.
A veces pienso que allá en el Cusco, en el ombligo del mundo, un muchacho, un joven emprendedor quizá se acuerde de un gringo raro con el que estuvo visitando su propia tierra, pero mi cobardía no merece que él me recuerde. Para compensar la saludable vanidad (autoestima le dicen) no hay nada como que la vida te demuestre, con hechos, que en el fondo eres tan mierdecilla como tantos otros de tus semejantes.

jueves, 16 de octubre de 2008

Uno


DIOS 1

La primera vez que estuve en Cuzco –El Cusco, como dice los de allí-, la capital del imperio inca al sur del actual Perú, me sirvió de cicerone un niño que tendría unos nueve años por aquel entonces. Yo acababa de terminar un trabajo en Cochabamba, en el centro de Bolivia, justo a mitad de camino entre Los Andes y la Amazonía, y me estaba reponiendo haciendo el turista, lo confieso francamente. Aunque a mi aire, hacer el turista a tu aire no es tan malo ni mucho menos que hacer el turismo “comme il faut”, es decir, gregariamente, en rebaño y con todo tarado y bien atado (no, no es errata), organizado hasta la nausea y con los tiempos de vistas medidos con más precisión que una puesta en órbita desde Cabo Cañaveral y la compañía no elegida: eso para mí es un infierno. No, yo estaba en el Cusco a mi aire, después de volar desde el aeropuerto más alto del mundo, el de La Paz, que tiene el nombre perfectamente bien puesto. Se llama aeropuerto de El Alto. Regresaría, eso sí, por tierra y por barco, mira tú, atravesando el lago más grande en altura del mundo, el Titicaca. Y en tren desde Puno a Copacabana (a no confundir este desgalichado pueblito lacustre ribereño con la playa y barrio de Río: otra maravilla). Para empezar, a los sitios, lo tengo dicho, no hay que ir, sino que hay que estar. Así que estaba en Cuzco, pasando unos cuantos días. Y apareció Miguel. Moreno, pelo negro lustroso, unos nueve años, síntomas de malnutrición leve en rodillas y otras coyunturas, ojos almendrados negrísimos, sonrisa tan mellada como irresistible. Los tres primeros días me había estado vendiendo siempre la misma postal del mazo que llevaba, cuando pretendí comprar otra distinta me mostró y comprobamos una y otra vez, baraja que te baraja, que sólo llevaba esa…Le invité a una Coca Cola (La Inka Kola local no le gustaba, decía que era demasiado dulce) a cambio de que dejara de venderme la misma postal una y otra vez. Así llegamos también al acuerdo de que me enseñaría su ciudad, Cuzco, el Ombligo del mundo.

Prestamo de lansky


Cuando España era en blanco y negro y tonos de gris, como las películas neorrealistas italianas (en realidad hiperrealistas o realistas: así de cutre “realmente” era la posguerra en la hoy opulenta Europa meridional, España o Italia sin ir más lejos) el único toque de color, como bien saben los grafistas, era el rojo del lápiz del censor, hoy rotulador. Que ha vuelto. Muchos “buenos” ciudadanos de entonces, amantes del orden autoritario, colaboraban espontánea y dispuestamente con esas ceñudas autoridades y llevaban siempre en la boca, para soltársela a cualquier desprevenido eso de “usted no sabe con quien esta hablando”, o “acompáñeme a comisaría” o, aparentemente más inocua porque se lanzaba en derredor sin más: pero igual de inicua: “adonde vamos a parar” (dos novios besándose, horror, en plena vía pública). He visto parejas expulsadas de los cines (de la fila de los mancos, se decía), por acariciarse, por acomodadores que parecían alféreces provisionales, o guardias jurados de parques simulando ser arcángeles de espada flamígera haciendo lo propio. Y ahora esto, ¿Será cierto eso del mito de El eterno retorno? Si las barreras del servidor de vuestro ordenador en el curre no os deja acceder a esta página o post o poste lo siento, pero, la verdad, cada día me escandalizan más los que se escandalizan con lo el mismo asunto de siempre.

El deseo insaciable y sin cautelas de una mujer por entregarse a la cópula con cualquiera, contado tediosamente día a día y por escrito, eso es el Diario de una ninfómana. Presumiblemente poco interesante y repetitivo, pero quién sabe. El cartel de esta película, igual de presumiblemente aburrida que el libro autobiográfico en qué se basa (el que lo haya escrito una sexóloga no es una garantía precisamente, al menos para mí), ha sido vetado y definitivamente rechazado para ser expuesto en los espacios publicitarios, marquesinas y demás, de autobuses y otros espacios habilitados al efecto por la empresa municipal de autobuses de Madrid:, la EMT, así como en la red de cercanías de RENFE dependientes del ayuntamiento de Madrid –parece ser que es el único caso en España- por “inadecuado”

Comprobadlo por vosotros mismos. Como sólo se ven unas braguitas de encaje, una mano dentro de ella, un ombligo y la parte superior de los muslos, mientras que hay carteles -hasta hace poco, este verano, incluso de preciosas niñas de quince años anunciando bikinis-, no digamos otros anuncios de lencería, mucho más explícitos o “sicalípticos”, como decían los antiguos, cabe deducir que es la palabra “ninfómana” la que causa el problema. Pero juzgad vosotros. (Me niego a lo de vosotras y vosotros: vosotros, genérico sin género)

Quizá es que han decidido que ninfómana es un insulto y no una enfermedad (¿Médicos sin fronteras: enfermeras sin bragas?), o que son ninfómanas toda las mujeres que sienten deseo sexual tan decidido y espontáneo como los varones, y que, en cualquier caso serán depravadas o enfermas, que ellas mismas elijan, o que… Eso digo yo ¿O qué?

Ni Dios es Dios


Se llaman "trolls", en el argot o germanía de los ínternautas, a esos anónimos que introducen comentarios ofensivos amparándose precisamente en eso, el anonimato. Una amiga prefiere llamarlos “tocapelotas”. Aquí simplemente comentaré cuestiones más frívolas y ligeras, más breves, al estilo de esta de mi blog principal,

http://www.lansky-al-habla.com/2008/10/vuelve-llevarse-el-gris-esta-temporada.html


Sobre el nombre de este blog. Es una falsa dirección de USRL o como se diga, que empleó un troll para dirigirse a mí. Me gustó. Porque es justo lo contrario de lo que pienso: nadie es Dios, ni siquiera Dios. De hecho, lo que menos me gusta de Dios es que vaya de eso, y visto lo visto, su supuesta Creación y demás, que es una maravilla, pero también es la hostia de horrible en ocasiones, y bla, bla, bla... me parece de una irresponsabilidad absoluta.

Así que seamos responsables: nadie es Dios, ni Dios. Aquí en concreto, ni Dios es Dios.